Himalaya 7000

may 05

Despacho #33

Publicado a las 03:26
Despacho creado desde email
Hola a todos!

Ayer llegamos a Katmandú y hemos arrasado con todo lo comestible que se nos
cruza por delante... han sido días agitados así que iniciaremos en orden
cronológico.

Como les contamos brevemente en un despacho anterior, el camino de Dingboche
hasta Namche Bazar es fantástico y muestra toda la transición entre las
estériles rocas y de alta montaña y los fértiles bosques de pino que abrigan
las aldeas Sherpa en la parte baja del valle.
La principal localidad en el camino fue Tengboche, famoso por su gran
monasterio o Gumpa en la lengua local.
El monasterio de Tengboche es uno de los más grandes y antiguos del valle de
Solokhumbu, ha pasado por dos reconstrucciones tras un terremoto y un
incendio, el último bastante reciente, por lo que hoy se lo ve reluciente y
cuidadosamente reconstruido con la ayuda del pueblo Sherpa y la comunidad
internacional. El templo fue fundado en el siglo 16 por el Lama Ringpoche,
el cual se dice que voló sobre los Himalayas aterrizando en una roca, sobre
la cual, tras una intensa meditación, sus huellas quedaron marcadas. Ahí
profetizó sobre Tengboche y su monasterio, el que fue luego construido sobre
la roca con la impronta del Lama.
El templo es hermoso, cuidado y colorido, los lamas en él, si bien dada su
vestimenta no cabe duda que son lamas, llama la atención la mezcla entre sus
características túnicas rojas y las mega chaquetas de pluma Marmot y las
zapatillas New Balance.
Tanto en Tengboche como en todo el camino, abundan las piedras Mani, que son
grandes rocas con relieves de oraciones pidiendo por la bienaventuranza de
los viajeros, rezando "om mani padme hom" o algo que suena muy parecido a
eso. Además hay cerros completos de plaquitas de piedra talladas con
oraciones, una costumbre similar al parecer a las plaquitas "gracias por
favor concedido" que atochan los altares de algunos santitos allá en
Sudamérica.
Con el propósito de volver a Katmandú con nuestras rodillas y vértebras en
su lugar, contratamos en Dingboche un porteador, para que nos acompañara a
Namche Bazar y luego a Lukla, pero resulto que el porteador nos hizo sufrir
casi tanto como lo hubiera hecho el peso de la mega-mochila que hubiéramos
tenido que cargar sin su ayuda. Para partir, él hablaba tanto inglés como
nosotros nepalí, además no tenía ni la más mínima intención de comunicarse y
caminaba por su cuenta sin preocuparse de donde íbamos nosotros. De hecho en
Tengboche tratamos de decirle como pudimos que nos esperara un ratito
mientras visitábamos la Gumpa, pero al salir lo buscamos por largo rato
llegando a la conclusión de que se había ido, tras media hora de marcha
forzada nos lo encontramos campante como si nada... a esto se sumó que
paraba cada media hora a fumar o tomarse un tecito, tendencia que se mantuvo
hasta Namche Bazar, donde recién llegados a la parte alta de la ciudadela,
el muy vaca decidió parar por otro té y otro cigarro, dejándonos esperando
afuera con viento y lluvia y a solo minutos del destino, por lo que ya
superados por su falta de sentido común, decidimos pagarle el día servido,
agarrar nuestro bolso como pudimos y chao, nos fuimos a buscar donde pasar
la noche.

Namche es un pueblo increíble, colgado en medio de las montañas, luce
decenas de construcciones de piedra de tres y cuatro pisos dejando entre
ellas estrechos corredores donde se atochan cientos de tienditas ofreciendo
todo tipo de productos, abundando todo lo relacionado con el trekking y la
escalada, de hecho uno podría llegar en pelotas a Namche y salir con todo lo
necesario para subir el Everest.

Ahí conseguimos un nuevo porteador que nos acompañara a Lukla, al que de
cariño llamábamos "el modelito" pues era joven y muy preocupado de su
apariencia, pero siempre nos acompaño con una sonrisa y mucha buena onda.

El camino de Namche a Lukla también fue 100% disfrutable, más bajo y con más
calor, fue marcado por multitud de granjas Sherpas donde reposaban felices
las papas, coliflores, cebollas, porotos y unas pequeñas espigas de trigo.
También nos sorprendieron los numerosos puentes colgantes que llevaban el
sendero de un lado al otro del Río Khumbu, buscando la pasada entre las
escarpadas paredes del valle y comunicando cada pequeña aldea.
Las últimas horas, el valle nos despidió con lagrimas, y así llovió y nos
mojamos hasta las amígdalas, por lo que con paso redoblado nuestra gran
travesía por los valles de Hinku, Hunkku y Solokhumbu llegó a su fin en
Lukla con nosotros agotados, empapados pero felices. El broche de oro fue la
invitación de Kharma y Sabina a su casa, nuestros primeros porteadores y a
estas altura podemos decir que también nuestros primeros amigos Sherpa.
Supuestamente era solo para un té, pero aparte de una larga conversa de
nuestras y sus aventuras tras nuestra despedida en Khare, la invitación
incluyó tallarines con vegetales, arroz con guiso y sopa, por lo que tras
una cálida despedida nos fuimos con una sonrisa, felices, rodando hasta
nuestro hostal junto al pequeño aeropuerto.

Al día siguiente volamos tempranito a Katmandú, despidiéndonos del Himalaya
con algo de melancolía pero felices de iniciar el retorno a nuestra tierra y
nuestra gente.

Para no alargarnos más dejaremos las aventuras en Katmandú para un próximo
despacho, solo les adelanto de que a pesar de que todo el país está en paro
debido a las exigencias de los maoistas para que el primer ministro
renuncie, nosotros estamos bien, recorriendo los principales atractivos de
la ciudad y disfrutando de las calles sin autos ni bocinas, transformadas en
anchas veredas.

Un abrazo a todos y van fotitos

Natalia y Camilo

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